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Primacía y recencia en el contraexamen
Cómo usar el principio de primacía y recencia para ordenar los capítulos del contraexamen, el examen directo y las observaciones finales.
El principio de primacía y recencia indica que las personas recuerdan mejor lo que escuchan al comienzo y al final de una secuencia, y peor lo que queda en el medio. Aplicado al contraexamen, significa abrir con un capítulo fuerte y seguro, cerrar con el mejor capítulo disponible y dejar en el centro lo necesario pero menos llamativo. La misma lógica sirve para ordenar el examen directo y las observaciones finales.
Es una de las ideas más repetidas en los manuales de litigación de Estados Unidos y, a la vez, una de las menos aplicadas en nuestras audiencias, donde todavía es común empezar el contraexamen con preguntas de rutina y terminarlo cuando se acaban las ideas. En esta entrada reviso de dónde viene el principio, qué tan sólido es y cómo uso esa lógica al ordenar mis capítulos.
De dónde viene el principio
La base está en la psicología experimental de la memoria. En un estudio clásico, Bennet Murdock (1962) pidió a estudiantes recordar listas de palabras y observó lo que se conoce como curva de posición serial. Las primeras y las últimas palabras se recordaban bastante mejor que las intermedias, y el gráfico resultante tenía forma de U.
Pocos años después, Glanzer y Cunitz (1966) mostraron que los dos extremos de esa curva responden a mecanismos distintos. La ventaja de lo primero, la primacía, se asocia a que esos elementos alcanzan a repasarse y pasar a la memoria de largo plazo. La ventaja de lo último, la recencia, depende de que esos elementos siguen frescos en la memoria de corto plazo, y desaparecía cuando los participantes debían hacer una tarea distractora durante unos segundos antes de recordar.
En otro plano, el de la formación de impresiones, Solomon Asch (1946) encontró que el orden en que se presentan los rasgos de una persona influye en la impresión final. Los primeros rasgos tiñen la lectura de los siguientes.
Por qué importa también ante un juez profesional
Podría pensarse que el principio solo vale para jurados. En el procedimiento laboral chileno decide un juez de derecho, la audiencia queda registrada íntegramente según el artículo 425 del Código del Trabajo y el juez puede volver a escucharla. Aun así, el juez es una persona que en una misma jornada puede tener varias audiencias, que toma notas mientras escucha y que, al redactar, recurre primero a lo que quedó marcado en su memoria y en sus apuntes. Lo que se dijo con claridad al inicio y al cierre de un contraexamen tiene más probabilidades de llegar a esas notas.
Además, el orden comunica. Abrir con el punto más sólido le dice al tribunal que el contraexamen tiene un propósito, y eso le compra paciencia para los capítulos siguientes.
Cómo ordenar los capítulos de un contraexamen
Si el contraexamen está construido por capítulos, como propone el método de Pozner y Dodd y como recogen las reglas básicas de un buen contraexamen, ordenar se vuelve una decisión estratégica. Un esquema que me resulta útil es el siguiente.
- Capítulo de apertura: Fuerte y seguro. Un hecho que el testigo no puede negar porque está en un documento, y que se conecta directamente con la teoría del caso.
- Capítulos intermedios: Los que construyen contexto, los que acreditan detalles necesarios o los que tienen algún riesgo de respuesta desfavorable.
- Capítulo de cierre: El más potente que se pueda controlar. Si el mejor capítulo tiene riesgo, conviene cerrar con el segundo mejor que sea completamente seguro.
Un ejemplo ficticio. En un juicio por despido disciplinario, el testigo de la empresa es el supervisor que firmó el informe de los hechos. Un orden posible sería este.
| Posición | Capítulo | Por qué ahí |
|---|---|---|
| Apertura | El informe se redactó cinco días después del supuesto incidente. | Consta en el documento y siembra dudas desde el inicio. |
| Medio | Organización del turno y ubicación del testigo esa noche. | Necesario para el cierre, pero poco vistoso. |
| Medio | Antecedentes laborales del demandante sin amonestaciones. | Útil, aunque con riesgo de que el testigo agregue matices. |
| Cierre | El testigo estaba en otra sección cuando ocurrió el hecho. | Es el punto que más daña su credibilidad y está respaldado por el registro de turnos. |
Empezar fuerte no es empezar agresivo
Un error frecuente es entender "empezar fuerte" como empezar confrontando. La primera impresión que el tribunal se forma del abogado también cuenta. Un capítulo de apertura sereno, documentado y sin tono hostil suele rendir más que una acusación directa que el testigo puede negar.
Terminar fuerte exige saber cuándo parar
La recencia se arruina cuando, después del mejor capítulo, el abogado sigue preguntando "por si acaso". La última impresión pasa a ser una respuesta tibia o, peor, una explicación del testigo. Por eso conviene marcar en la pauta cuál es la última pregunta y sentarse después de hacerla. Si en el camino el testigo entrega algo inesperadamente valioso, es razonable reorganizar y terminar en ese punto.
Primacía y recencia dentro de cada capítulo
El principio también opera a menor escala. Cada capítulo puede empezar con una pregunta que anuncia el tema y terminar con la pregunta que contiene el hecho clave. Entre ambas van las preguntas que cierran las salidas del testigo, que es justamente la lógica de la técnica del embudo. Y si hay un momento que merece ser recordado, puede reforzarse con un zoom in justo antes del cierre del capítulo.
Cómo aplicarlo al examen directo
En el examen directo la tentación es empezar por los datos personales del testigo y avanzar en orden cronológico. Esa acreditación es necesaria, pero no tiene por qué ocupar los primeros minutos completos. Una alternativa es abrir con una pregunta que sitúe de inmediato al testigo en el hecho central, volver luego a quién es y por qué sabe lo que sabe, y terminar con la parte del relato que mejor apoya la teoría del caso. Es una de las decisiones que explican las dificultades del examen directo.
Cómo aplicarlo a las observaciones finales
En el procedimiento laboral, el artículo 454 número 9 del Código del Trabajo dispone que, rendida la prueba, las partes formulan oralmente, en forma breve y precisa, sus observaciones sobre la prueba y sus conclusiones. Ese alegato de clausura es el lugar natural para aplicar el principio con toda su fuerza.
- Apertura: Una frase que resuma la teoría del caso y que el juez pueda recordar al redactar.
- Desarrollo: La prueba ordenada por hechos a probar, no por medio de prueba. Aquí entran las conclusiones que se guardaron durante el contraexamen.
- Cierre: La petición concreta, unida al hecho más fuerte acreditado en el juicio.
Lo que no conviene es gastar la apertura en agradecimientos o en anunciar lo que se va a decir, ni cerrar con una enumeración de prestaciones sin conexión con la prueba. Las prestaciones importan, pero el juez ya las tiene en la demanda.
En síntesis
- Lo primero y lo último se recuerdan mejor: Es un hallazgo sólido de la psicología de la memoria, aunque su traslado a la sala es una extrapolación.
- Abrir con un capítulo fuerte y seguro: Compra la atención y la paciencia del tribunal.
- Cerrar con el mejor capítulo controlable: Y sentarse después de la última pregunta.
- Aplicarlo en todos los niveles: Dentro de cada capítulo, en el examen directo y en las observaciones finales.