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La técnica del embudo en el contraexamen y el examen directo
La técnica del embudo con ejemplos de juicio laboral; cómo cerrar las salidas del testigo antes de la pregunta clave y estrechar el foco en el directo.
La técnica del embudo consiste en ordenar las preguntas de lo general a lo específico. En el contraexamen se usa para cerrar, una por una, las salidas que el testigo podría usar para escapar, antes de llegar al hecho clave. En el examen directo se usa al revés, partiendo con preguntas abiertas que dejan hablar al testigo y estrechándolas después para obtener los detalles que importan. En ambos casos el objetivo es que el hecho central llegue al tribunal sin espacio para explicaciones.
La imagen viene del trabajo de preparación de las declaraciones previas al juicio en Estados Unidos, las depositions, donde el abogado empieza con preguntas amplias para conocer todo lo que el testigo sabe y termina con preguntas cerradas que lo comprometen. Una explicación sencilla de ese uso está en este artículo del blog del Colegio de Abogados del Estado de Washington. En Chile no tenemos ese tipo de declaraciones previas, pero la lógica del embudo se adapta muy bien a la audiencia de juicio.
El embudo en el contraexamen
En el contraexamen todas las preguntas son cerradas, así que el embudo no va de abierto a cerrado, sino de general a específico. Se parte con hechos amplios y poco discutibles, se avanza cerrando alternativas y se llega al hecho que interesa cuando el testigo ya no tiene a dónde ir.
La razón es práctica. Si la pregunta clave se hace al principio, el testigo tiene todas las puertas abiertas para explicarla, matizarla o contradecirla. Si se hace al final, después de haber cerrado esas puertas con hechos que él mismo confirmó, cualquier intento de escape se nota.
Un ejemplo en un juicio por despido
Supongamos un caso ficticio. La empresa despidió a un trabajador invocando una supuesta amonestación verbal previa por atrasos. El testigo es el jefe de turno. Antes de llegar al punto, el abogado cierra las salidas posibles.
P. La empresa tiene un reglamento interno de orden, higiene y seguridad.
R. Sí.
P. Usted lo conoce.
R. Sí, lo conozco.
P. El reglamento regula las amonestaciones.
R. Sí.
P. Según el reglamento, la amonestación debe constar por escrito.
R. Eso dice el reglamento.
P. Y debe entregarse una copia al trabajador.
R. Sí.
P. Usted, como jefe de turno, es quien firma esas amonestaciones.
R. Yo o el supervisor.
P. El supervisor no estaba a cargo del turno del demandante.
R. No, ese turno era mío.
P. No existe ninguna amonestación escrita firmada por usted al demandante.
R. Escrita no, fue verbal.
Cada pregunta anterior a la última cierra una salida. El testigo ya no puede decir que no conocía el reglamento, que el procedimiento escrito no era obligatorio ni que otra persona pudo haber hecho la amonestación. Cuando llega la pregunta clave, su respuesta "fue verbal" queda expuesta frente a todo lo que acaba de reconocer.
No hacer la pregunta de más
Al final del embudo aparece la tentación de preguntar "entonces la empresa no cumplió su propio reglamento". Es la conclusión, y es mejor guardarla para las observaciones finales. Pedírsela al testigo le abre la puerta a explicar que "en la práctica siempre se hizo así" o que "el reglamento está desactualizado". Esta regla, que viene de los mandamientos de Irving Younger, es una de las reglas básicas de un buen contraexamen.
Cómo identificar las salidas
Preparar un embudo exige ponerse en el lugar del testigo y preguntarse cómo podría escapar del hecho clave. Algunas salidas típicas son estas.
- Desconocimiento: "No sabía que había que hacerlo así." Se cierra acreditando que conocía la norma, el protocolo o el documento.
- Delegación: "Eso le correspondía a otra persona." Se cierra fijando quién tenía la responsabilidad.
- Excepción: "Ese caso era distinto." Se cierra mostrando que las condiciones eran las habituales.
- Imprecisión temporal: "No recuerdo la fecha." Se cierra anclando el hecho a un documento o a un evento que el testigo sí recuerda.
- Informalidad: "Se hacía de palabra." Se cierra mostrando que la regla exigía otra forma.
No todas las salidas existen en cada caso, y no todas valen el tiempo de audiencia. Se cierran las que el testigo podría usar de manera creíble.
El embudo en el examen directo
En el examen directo la prohibición de preguntas sugestivas, presente tanto en el artículo 330 del Código Procesal Penal como en el artículo 454 número 6 del Código del Trabajo, obliga a trabajar con preguntas abiertas. El embudo aquí parte con una pregunta amplia que deja al testigo relatar, sigue con preguntas que lo llevan a un momento o un lugar, y termina con preguntas específicas, todavía no sugestivas, que obtienen el detalle.
P. ¿Qué ocurrió en la reunión del 14 de marzo?
R. El jefe nos reunió a todos y empezó a hablar de las metas del mes.
P. ¿Qué dijo sobre la señora Rojas?
R. Dijo que ella era la razón por la que el equipo no cumplía.
P. ¿Con qué palabras lo dijo?
R. Dijo que era "un lastre" y que si fuera por él ya no estaría.
P. ¿Dónde estaba la señora Rojas en ese momento?
R. Sentada frente a él, en la primera fila.
P. ¿Cuántas personas había en la sala?
R. Unas doce.
Ninguna de esas preguntas sugiere la respuesta, pero cada una estrecha el foco. El tribunal no escucha un relato vago sobre "malos tratos", sino una escena concreta con palabras, lugar y testigos.
Las preguntas que estrechan sin sugerir
La frontera entre una pregunta específica y una sugestiva es delgada, y en la audiencia laboral la objeción por pregunta sugestiva es de las más frecuentes, como muestra el estudio de Isaías Rodríguez Reyes publicado en la Revista de Derecho de la Universidad de Concepción. Algunas formas útiles de estrechar sin sugerir son estas.
- Preguntas de detalle: "¿Con qué palabras?", "¿En qué tono?", "¿Qué hizo después?".
- Preguntas de ubicación: "¿Dónde estaba usted?", "¿A qué distancia?".
- Preguntas de percepción: "¿Qué vio?", "¿Qué escuchó?".
- Preguntas de alternativa abierta: "¿Cómo reaccionó ella?" en lugar de "¿Ella se puso a llorar?".
Riesgos y errores frecuentes
- Embudos demasiado largos: Si se cierran salidas que nadie usaría, el tribunal pierde el hilo y la pregunta clave pierde fuerza.
- Salidas abiertas por descuido: Basta una puerta sin cerrar para que el testigo la encuentre. Por eso el embudo se escribe antes de la audiencia.
- Preguntas compuestas: En un embudo cada pregunta debe introducir un solo hecho; de lo contrario, el testigo responde solo a la parte que le conviene.
- Confundir embudo con interrogatorio exploratorio: En el contraexamen cada hecho del embudo debe estar respaldado. No se usa para averiguar.
Cómo se combina con otras técnicas
El embudo es la estructura interna de un buen capítulo. Combina bien con el looping, que permite fijar una palabra clave obtenida en el camino, y con el zoom in, que desacelera el momento al que el embudo conduce. Y como el orden de los capítulos importa tanto como su contenido, conviene pensar cada embudo dentro del esquema general de primacía y recencia.